domingo, 12 de octubre de 2014

«Nosferatu», la película en sus dos versiones


A partir de la novela Drácula, de Bram Stoker, y sobre la adaptación de otro filme, el de F. W. Murnau de 1922, en 1979 se lleva de nuevo a la pantalla grande bajo la dirección de Werner Herzog, con el título de Nosferatu, Vampiro de la noche (Nosferatu: Phantom der Nacht).

Jonathan Harker parte de Wismar a Transilvania, rumbo al castillo del siniestro conde Drácula. Un jugoso trato de bienes raíces lleva al joven hasta aquellas tierras contaminadas por la superstición y los crímenes; especialmente habrá de ofrecerle una mansión en su ciudad, con la que advendrá a Europa una maldición. La fotografía de Lucy, la amada de Harker que este lleva consigo, hará que Nosferatu busque su inmediato traslado a Wismar, donde con su sombra llegará el terror y la muerte. No dejes de verla...





¿Deseas ver y comparar el clásico de Nosferatu, de 1922, con la de versión de 1979? Aquí te dejo el enlace, es una manera de aprender más sobre cine y sobre el mito vampírico que parece no agotarse jamás...

Nosferatu (1922)


sábado, 23 de agosto de 2014

Los vampiros según Voltaire


Vampiros vistos por François Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire (1694-1778), escritor, historiador, filósofo y abogado francés, cabeza de la Ilustración, época en que la razón humana, la ciencia y el respeto a la humanidad ascendieron en el ideal intelectual. Nos legó este agudo, muy sabroso y no menos erudito artículo al respecto. Así nos refiere que se veía a los vampiros el autor de Cándido o el optimismo, y añade (claro, en tono sarcástico) que los muertos tendrían gran apetito: «Los platos más delicados y de poca substancia, como los merengues y la crema, se los comía el alma, y el rost-bif y el bifs-teak se los comía el cuerpo.» Leamos el artículo, merece la pena...


Vampiros

¿Es posible que haya vampiros en el siglo XVIII, después del reinado de Locke, de Saftersbury, de Trenchard y de Collins? ¿Y en el reinado de d'Alembert, de Diderot, de Saint Lambert y de Duclós se cree en la existencia de los vampiros, y el reverendo benedictino dom Agustín Calmet imprimió y reimprimió la historia de los vampiros con la aprobación de la Sorbona?

Los vampiros eran muertos que salían por la noche del cementerio para chupar la sangre a los vivos, ya en la garganta, ya en el vientre, y que después de chuparla se volvían al cementerio y se encerraban en sus fosas. Los vivos a quienes los vampiros chupaban la sangre, se quedaban pálidos y se iban consumiendo; y los muertos que la habían chupado engordaban, les salían los colores y estaban completamente apetitosos. En Polonia, en Hungría, en Silesia, en Moravia, en Austria y en Lorena, eran los países donde los muertos practicaban esa operación. Nadie oía hablar de vampiros en Londres ni en París. Confieso que en esas dos ciudades hubo agiotistas, mercaderes, gentes de negocios que chuparon a la luz del día la sangre del pueblo; pero no estaban muertos, sino corrompidos. Esos verdaderos chupones no vivían en los cementerios, sino en magníficos palacios.

¿Quién es capaz de creer que la moda de los vampiros la adquirimos de Grecia? No de la Grecia de Alejandro, de [181] Aristóteles, de Platón, de Epicuro y de Démostenes, sino de la Grecia cristiana y por desventura cismática.

Hace mucho tiempo que los cristianos del rito griego creían que los cuerpos de los cristianos del rito latino, que se enterraban en Grecia, no se pudrían, porque estaban excomulgados. Creían precisamente lo contrario que nosotros los cristianos del rito latino, que creemos que los cuerpos que no se corrompen son los que tienen impreso el sello de la bienaventuranza eterna, y en cuanto se pagan a Roma cien mil escudos por la canonización de cada santo, tributamos a éste la adoración de dulía.

Los griegos están convencidos de que sus muertos son hechiceros, y les dan el nombre de «broucolacas». Los muertos griegos van a las casas a chupar la sangre de los niños, a comerse la cena de los padres y de las madres, a beberse el vino y a romper todos los muebles. Sólo puede hacérseles entrar en razón quemándolos cuando los atrapan; pero se necesita tener la precaución de no ponerlos en el fuego hasta después de haberles arrancado el corazón, que debe quemarse aparte.

El célebre Tournefort, emisario que mandó a Levante Luis XIV, lo mismo que otros aficionados, fue testigo de algunas jugarretas atribuidas a uno de los «broucolacas» y de la citada ceremonia.

Después de la maledicencia nada se comunica tan rápidamente como la superstición, el fanatismo, el sortilegio y los cuentos de aparecidos. Pronto hubo «broucolacas» en Valaquia, en Moldavia y en Polonia, aunque esta nación pertenece al rito romano y no le faltaba más que esta superstición, que se transmitió a toda la parte oriental de Alemania. Continuamente estuvieron ocupándose de los vampiros desde 1730 hasta 1735; los espiaron, les arrancaron el corazón y los quemaron; pero semejantes a los antiguos mártires, cuantos más quemaban más aparecían.

Calmet fue su historiógrafo, y se ocupó de los vampiros, como antes se había ocupado del Antiguo y del Nuevo Testamento, refiriendo fielmente todo lo que sobre esta materia habían dicho antes que él.

Debe ser una cosa curiosísima examinar los procesos verbales jurídicamente entablados a los muertos que salieron de sus fosas para chupar la sangre a los niños y a las niñas de la vecindad. Calmet refiere que en Hungría dos empleados que para este objeto nombró el emperador Carlos VI, con el bailío y el verdugo, fueron a formar causa a un vampiro, muerto seis semanas antes, que chupaba la sangre de los niños de la vecindad, y le encontraron cerrado en el ataúd, fresco, robusto, con los ojos abiertos y pidiendo de comer. El bailío dictó la sentencia; el verdugo arrancó el corazón al vampiro, y después de esta [182] operación ya no chupó la sangre a nadie. Después de este caso nadie debe atreverse a dudar de los muertos resucitados que llenan las antiguas leyendas, ni de ninguno de los milagros que refieren Bollandus y el sincero y reverendo Ruinard.

Encontramos historias de vampiros hasta en las Cartas judías de Argens, a quien los jesuitas acusaron de incrédulo y que luego saborearon su triunfo, cuando el citado autor refirió la historia del vampiro de Hungría, y dieron gracias a Dios y a la Virgen por la conversión de Argena. He aquí lo que dijeron del referido autor: «El famoso incrédulo que dudó de la aparición del ángel a la Virgen, de la estrella que vieron los Reyes Magos, de que se curaran los poseídos, de que se ahogaran dos mil cerdos en un lago, del eclipse que hubo de sol en luna llena, de los muertos que se paseaban por Jerusalén; tocado por la divina gracia, se iluminó su espíritu, y cree en la existencia de los vampiros».

La gran cuestión que hubo entonces fue averiguar si aquellos muertos resucitaron por su propia virtud, por el poder de Dios o por el poder del diablo. Los grandes teólogos de Lorena, de Moravia y de Hungría hicieron públicas sus opiniones y su ciencia. Recordaron todo cuanto antes San Agustín, San Ambrosio y otros santos dijeron más ininteligible respecto a los vivos y a los muertos. Trajeron a colación todos los milagros de San Esteban que están incluidos en el séptimo libro de las obras de San Agustín, y he aquí uno de los más curiosos. Quedó aplastado un joven en África en la ciudad de Aubzal bajo las ruinas de una muralla, y la viuda fue inmediatamente a invocar a San Esteban, de quien ella era devota, y San Esteban resucitó al aplastado, al que le preguntaron qué es lo que había visto en el otro mundo: «Señores, contestó a los que le preguntaban: cuando mi alma salió de mi cuerpo, encontró infinidad de almas que le hicieron la misma pregunta respecto al mundo. Yo iba no sé a dónde cuando encontré a San Esteban, que me dijo: «Devolved lo que habéis recibido». Yo le repliqué: «¿Qué queréis que os devuelva si nunca me disteis nada?» Me repitió tres veces: «Devolved lo que habéis recibido». Entonces comprendí que quería hablar del «Credo». Recé el «Credo», y en seguida me resucitó.

Citaron además los referidos teólogos las historias que refiere Sulpicio Severo en la vida de San Martín, y probaron que entre los muertos que resucitó San Martín devolvió la vida a un condenado; pero todas esas historias, aunque sean verdaderas, no tenían nada que ver con los vampiros que chupaban la sangre de los niños y luego volvían a meterse en sus ataúdes. Buscaron también en el Antiguo Testamento y en la mitología algún vampiro que pudieran presentar como caso antiguo; no [183] encontraron ninguno, pero probaron, sin embargo, que los muertos comían y bebían, fundándose en que algunos pueblos antiguos les metían alimentos en las fosas.

Cuestionaron también si comía el alma o el cuerpo del muerto, y quedó decidido que comían la una y el otro. Los platos más delicados y de poca substancia, como los merengues y la crema, se los comía el alma, y el rost-bif y el bifs-teak se los comía el cuerpo.

Decían que los reyes de Prusia fueron los primeros que después de muertos se hacían servir alimentos, y que los imitaban casi todos los reyes de entonces, pero fueron los frailes los que se les comían la comida y la cena y los que se les bebían el vino; de modo que, hablando con propiedad, los reyes no eran vampiros; los verdaderos vampiros son los frailes, que comen a expensas de los reyes y de los pueblos.

Verdad es que San Estanislao, que había comprado gran extensión de terreno a un gentilhombre polaco y no se lo había pagado, perseguido por los herederos ante el rey Boleslao, resucitó a dicho gentilhombre; pero fue únicamente para pagarle la deuda, y no se dice que diera ni un solo vaso de vino al vendedor, que se volvió al otro mundo sin comer ni beber.

Se agita con frecuencia la grave cuestión de si puede absolverse al vampiro que murió excomulgado; no soy teólogo bastante profundo para decidirlo; pero por mi parte yo lo absolvería porque cuando hay que escoger entre dos partidos dudosos, debe elegirse el más benigno.

El resultado de todo es que una gran parte de Europa estuvo infestada de vampiros durante cinco o seis años, y que hoy ya no existen; que hubo convulsionarios en Francia durante más de veinte años, y que hoy ya no los hay; que resucitaron muertos durante algunos siglos, y que hoy ya no los resucitan; que tuvimos jesuitas en España, en Portugal, en Francia y en las Dos Sicilias, y que hoy ya no los tenemos. {1}

{1} ¡Ay! ¡pero han vuelto, ilustre Voltaire! (N. del T).

sábado, 16 de agosto de 2014

¡Irene!, ¿vampiresa?

Es habitual que cuando visitamos cementerios leamos las inscripciones y epitafios de las tumbas. En el famosísimo panteón de Belén (en Guadalajara, Jalisco) hay una inscripción que me enterneció la primera vez que la vi, hace ya varias décadas. Es sencilla, contundente y conmovedora hasta las lágrimas, y de hecho es una sola palabra, y qué palabra: «¡Irene!»
  Cuánto dolor, cuánta pasión, cuánto amor hay concentrados en esta inscripción que su amante decidió labrar con su solo nombre entre signos admirativos: «¡Irene!»
  Por supuesto, para cualquier escritor (y anticipo que Dios primero he de dedicarle un cuento más adelante a esta romántica convergencia) se advertirá bastante tela que cortar en la hermosa, triangular y siniestra coincidencia que describo a continuación: nótese, el vampiro del panteón de Belén (el cual es también punto nodal en mi Expediente Is34:14), el nombre «¡Irene!» labrado en una cripta y un magnífico poema de nada más y nada menos que el universal Edgar Allan Poe.
  He buscado información sobre la Irene real, pero hasta ahora me he quedado muy limitado en la pesquisa, asimismo les debo la foto de la inscripción citada, pero por el momento les dejo este vampírico poema de Poe, que lleva justo el nombre de la amada.



Irene

A la medianoche, en la casa de junio, suave y bruna,
Permanecí de pie bajo aquella mística luna.
Un vapor embriagante, somnoliento,
Exhalaba sobre el valle su encantamiento,
Fluyendo gota a gota, suavemente,
Sobre la cresta calma del monte,
Robaba el delicado sopor musical
De aquel profundo del valle universal.
El romero crece sobre la tumba,
El lirio corre sobre la marea;
Envolviendo la niebla aérea,
Y las ruinas descansan juntas.
¡Mirad! Semejante al Leteo duerme el lago,
Un reposo sin tregua en su mundo soñado;
Y del sopor consciente no quiere despertar,
¡Toda la belleza duerme!
Allí donde sueña Irene,
Sola con su destino.

¡Oh, Dama brillante! ¿Puede ser real
Esta ventana abierta hacia la noche?
Los aires furiosos, desde la copa de los árboles
Ríen a través del trémulo cristal.
El aire descarnado, camino del hechizo,
Atraviesa la habitación con paso herido;
Ondeando las cortinas violentamente
-Tan terriblemente-
Abatiendo el frío marco cerrado,
Donde tu alma durmiente yace oculta.
Por el suelo y sobre los gastados muros,
Como fantasmas bailan las sombras.
¡Oh, querida Señora! ¿Acaso no temes?
¿Porqué permaneces aquí soñando?
De seguro puedes viajar hacia el mar lejano,
Una maravilla para estos árboles cansados.
¡Extraña es tu palidez! Extraño es tu vestido,
Pero sobre todo, extraña es tu delgada forma
En esta silenciosa y solemne hora.

¡La Señora duerme! ¡Oh, tal vez duerma
Un sueño perdurable, profundo!
El cielo te conserva en su santo seno,
Y este cuarto se ha hecho eterno,
Este lecho ha crecido, profético.
Ruego a Dios que ella pueda reposar
Por siempre con los ojos cerrados,
Mientras su pálido fantasma pasa a mi lado.

¡Mi Amor! ¡Ella duerme! ¡Oh, tal vez duerma
Un sueño interminable, incorrupto!
¡Piadosos serán los gusanos con su carne!
Lejos en el bosque, oscuro y viejo,
Tal vez las bisagras de su cripta se abran,
Una bóveda que a menudo absorbe la noche,
Y las negras alas al amanecer volverán,
Triunfantes sobre la pálida cresta,
Reina de una familia sepulcral.
Algunas criptas, remotas, distantes,
Cuyas puertas fueron abatidas por su mano de niña,
Lanzando en la infancia inocentes piedras;
Algunas tumbas, de cuyas sórdidas grietas
Ella nunca volverá a escuchar los ecos,
¡Es horrible pensar en los pobres niños del pecado!
Pues fueron los muertos quienes te llamaron.

Edgar Allan Poe



miércoles, 1 de enero de 2014

Hacia Custos Secretórum

¿Estás seguro de querer saber más sobre los orígenes maléficos del sanguinario vampiro Alfa? ¿Quién es, cuál su nombre, por qué ha elegido atacar en Guadalajara, Jalisco; sus misterios que una sombra múltiple los atesora? Expediente Is34:14 va más allá de lo imaginable, muy pronto sabrás esas respuestas en Expediente Is34:14 / Custos Secretórum, pero corre por tu cuenta el riesgo de saber: el precio es «obscuridad, temible obscuridad...» ¿Qué significa «obscuridad», cuál es su más profunda repercusión? Paciencia y sabrás. Si deseas saber de qué trata y no has leído al respecto, adquiere tu Expediente Is34:14 y empieza el 2014 con una lectura trepidante, que se lee a la velocidad de la sangre en las venas... 

lunes, 21 de octubre de 2013

¿Vampiros y diosa Fortuna infortunada?


¿Vampiros y Fortuna infortunada?
En la novela Expediente Is34:14 de súbito irrumpe el hematófago alfa en el teatro Degollado, para reclamar la vida a varios asistentes, quienes visten distinguidos fracs y no desean armar un escándalo. Testigos hay muchos, entre ellos la escultura de la fotografía.

Esta bella pieza representa a la diosa romana Fortuna, cuya altura es de poco más de dos metros. La custodian dos monstruosos seres, quizá cruentas quimeras. Esculpida incluso con escalpelo sobre un solo bloque (por el artista Carlo Nicoli, entre 1875 y 1880), son admirables detalles como el hueco entre cetro y mano, las perlas en el cinturón y orejas.

Por algún tiempo fue manca, pues sufrió un atentado vandálico en la plaza Tapatía, que le hizo perder justo esa mano y su cetro. Su biznieto Carlo Nicolo y el escultor jalisciense Alfredo López Casanova la restauraron en 1997, tres años después de haber sido resguardada en el foyer del teatro Degollado, donde hoy se le puede visitar. Nicolo se valió de fotografías y puntos de referencia para reconstruir la pieza, hecha con cantera de Carrara, como hiciera su bisabuelo en el siglo XIX. Además diseñó un perno de acero inoxidable para unirla al brazo, por ese motivo se le aprecia un brazalete en la mano derecha.

Esta hermosa pieza, propiedad de la ciudad, está bajo resguardo del Ayuntamiento de Guadalajara, no obstante el Congreso del Estado instruyó colocarla en el teatro Degollado, justamente para su restauración y conservación.

Su sede original fue el patio central del antiguo Liceo de Niñas, hoy sede del Supremo Tribunal de Justicia; posteriormente residió en el Museo regional de Guadalajara; en la década de 1940 la llevaron a la «Caja de agua» (inmueble sito entre avenidas Agustín Yánez y La Paz), pero infortunadamente en la década de 1980 pasó a plaza Tapatía, donde esperó casi veinte años para que las autoridades advirtieran sobre los daños que se acumulaban en la escultura.

El atentado a su mano hizo reaccionar a las autoridades y la Dirección de Cultura municipal solicitó su traslado a Casa museo López Portillo, no obstante en marzo de 2005 el Cabildo tapatío la cedió en comodato por cinco años a la Secretaría de Cultura. Actualmente, una pieza similar a la diosa Fortuna de Guadalajara costaría al menos 150 mil euros, según Carlo Nicoli, quien junto con sus hijas ya suman siete generaciones de escultores en dicha familia.

El teatro Degollado, por su parte, ya casi cumple 150 años de antigüedad, y fue proyectado por el arquitecto tapatío Jacobo Gálvez. En 1855 se colocó la primera piedra, un 5 de marzo, durante el gobierno de José Santos Degollado; diez años más tarde nacía el teatro Alarcón, en honor del dramaturgo mexicano Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza, que luego cambiaría por el de teatro Degollado. Imaginemos lo que aquella empresa implicó, eran tiempos de la guerra de Reforma e intervención francesa en el país: literalmente nació entre conflictos, sangre y muerte. ¿Por eso elegiría la bestia acudir ahí por sus víctimas?

En dicho inmueble destacan además el pórtico de estilo neoclásico, el frontis con «Apolo y las nueve musas» (en los que repara el vampiro alfa) y la enigmática águila colosal, dispuesta casi sobre la bóveda desde 1880, cuya discutida autoría del artesano Rosalío Dávalos es problemática y su significado hace referencia a la abolición de la esclavitud en Guadalajara, pero hay un rumor secular de que si el águila suelta la cadena que cuelga de su pico, el teatro se desplomará. Como sea, es también testigo de la lucha entre el hematófago y esos ricos hombres de la ciudad. ¿Por qué, para qué? Necesitas leer Expediente Is34:14. Ya pídelo, se agota la edición...

En Prepa 1, de la UdeG


Los hematófagos también rondan los pasillos del hermoso edificio de Preparatoria Jalisco (o Prepa 1), de la UdeG. ¿Pero qué mueve a estas bestias para atentar contra los jóvenes, qué los conecta con el movimiento #YoSoy132? Descúbrelo en Expediente Is34:14, y está alerta, porque si no los escuchan las autoridades, sólo la unidad entre muchachos los puede hacer fuertes...

Vampiros en artesanías mexicanas


Muy creativa la forma en cómo las tradiciones populares de un pueblo asimilan los influjos culturales externos. Aquí una simpática artesanía que representa al vampiro como típico personaje de película de los años 1960. El folklor también devora y, para preservarse, transforma expresiones ajenas, incluso para restarles aspectos amenazantes, ¿no es interesante este fenómeno? Pieza que podrás encontrar en el parque Morelos, de la ciudad de Guadalajara, en los tradicionales expendios con motivo de las festividades de día de muertos.